La violencia de género no comienza con un golpe ni ocurre de un momento a otro. En la mayoría de los casos, existen señales de alerta que pueden pasar desapercibidas o ser normalizadas, pero que, con el tiempo, pueden escalar hasta convertirse en agresiones graves e incluso en un feminicidio.
Una de las herramientas que busca ayudar a identificar estas conductas es el Violentómetro, un instrumento que clasifica las diferentes manifestaciones de violencia y permite reconocer cuándo es momento de actuar.
El experto en seguridad Camilo Murcia explicó que este proceso suele desarrollarse por etapas y que identificarlas a tiempo puede marcar la diferencia.
“La violencia de género no arranca de inmediato y los feminicidios no se presentan de un momento a otro. Hay tres etapas que son la alerta, la reacción y la final, que es la de urgencia, donde las víctimas pueden empezar a calificar las acciones de su entorno para sentirse y estar más seguras”, señaló Murcia.
La etapa de alerta: cuando la violencia parece “normal”
La primera fase corresponde a la alerta, un momento en el que suelen aparecer comportamientos que muchas personas minimizan o justifican dentro de una relación.
Entre ellos se encuentran las bromas hirientes, los celos excesivos, las mentiras, el control y la destrucción de objetos personales.
“Esto inicia con acciones sencillas como bromas hirientes, celos, mentiras o destrucción de objetos personales”, explicó el experto.
Aunque estas conductas no siempre implican agresiones físicas, los especialistas advierten que pueden convertirse en el inicio de un ciclo de violencia si no se identifican y atienden a tiempo.
La etapa de reacción: aparecen las agresiones
Cuando estas conductas se intensifican, la violencia entra en una segunda fase denominada reacción.
En este punto ya pueden presentarse ofensas verbales, desprecio, agresiones físicas y hasta el control del dinero como una forma de ejercer poder sobre la víctima.
“De allí se pasa a la etapa de reacción, que es donde encontramos los tratos físicos con desprecio, ofensa verbal o manejo del dinero como mecanismo de victimización”, indicó Murcia.
La etapa de urgencia: el mayor riesgo
La tercera fase es considerada la más crítica.
Aquí aparecen golpes, amenazas, privación de la libertad y otras formas de violencia que incrementan el riesgo de que ocurra un feminicidio.
“La víctima finalmente llega a la etapa de urgencia, en donde nos encontramos ya con golpes, amenazas o vías de hecho como encerrar a la persona víctima y finalmente esto se transforma en feminicidio”, advirtió.
El experto recordó que la violencia basada en género no es un asunto exclusivo de quien la sufre. En Colombia, la ley permite que cualquier ciudadano denuncie cuando conozca un caso de este tipo.
“No solo la víctima de violencia de género puede ser la denunciante. Cualquier persona que vea o sepa de violencia basada en género puede formular la denuncia y de esta manera evitar que los hechos de violencia se presenten en nuestras comunidades”, afirmó.
Murcia hizo un llamado a denunciar de manera oportuna y a fortalecer la activación de las rutas de atención por parte de las autoridades.
Reconocer las señales tempranas, acudir a las instituciones competentes y no normalizar comportamientos de control o agresión son acciones que pueden contribuir a prevenir que la violencia continúe escalando y proteger la vida de las víctimas
