En el corazón del Gran Cumbal, Nariño, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, la comunidad indígena Pasto ha iniciado una revolución silenciosa para proteger su futuro. Ante la degradación de los suelos causada por la ganadería extensiva y el impacto de heladas cada vez más agresivas, este resguardo fronterizo con Ecuador ha apostado por la creación de bancos de semillas comunitarios para recuperar sus cultivos ancestrales.
Resistencia al cambio climático y la ganadería
El departamento de Nariño enfrenta un desafío dual: por un lado, el calentamiento global ha vuelto las temporadas secas más extremas; por otro, el auge de la cría de vacas desde inicios de los 2000 ha erosionado hectáreas que antes eran fértiles. “La ganadería nos ha quitado mucho; cada vez hay menos variedad de tubérculos y frutas”, afirma Alegría Chirán, lideresa social de la región.
Para combatir esta pérdida de biodiversidad, la iniciativa liderada por la Alianza de Bioversity International y el CIAT ha establecido una “caja fuerte” de semillas en el resguardo. A diferencia de los bancos genéticos globales, este proyecto funciona bajo un modelo de préstamo e interés social: los campesinos retiran semillas para sembrar y devuelven una parte de su cosecha para asegurar el alimento de la comunidad.
Ciencia ancestral y alta cocina: El futuro de la papa
El proyecto no solo busca la supervivencia, sino la soberanía alimentaria. Hasta la fecha, se han identificado:
- 30 especies de tubérculos y vegetales (incluyendo papas nativas como la “ratona” o “corazón de piedra”).
- 30 variedades de frutales.
- 100 plantas medicinales y aromáticas.
El objetivo final es llevar estas variedades únicas —algunas con colores violetas y texturas exóticas— a los mercados de alta cocina y restaurantes de autor en Colombia. Al rescatar la “papa mambera” o la “botella”, los indígenas de Nariño no solo protegen la Pachamama, sino que crean una alternativa económica sostenible frente a la crisis climática de este 2026.
