En el corazón de los Andes colombianos, la batalla por la conservación de la biodiversidad agrícola tiene un rostro y un nombre: Alfonso Enrique Chinguad. Este líder indígena, junto a su comunidad en el Resguardo Indígena del Gran Cumbal, Nariño, se ha erigido en el guardián de un tesoro genético que estaba a punto de desaparecer: la vasta variedad de papas nativas de Colombia.
El esfuerzo de Chinguad comenzó como una tarea comunitaria, yendo de casa en casa por la vereda Tasmag para recolectar las “semillas” (tubérculos) de papas criollas que aún sobrevivían. Hoy, su hogar funciona como un banco de germoplasma vivo, custodiando más de un centenar de variedades de la especie Solanum tuberosum L.. La labor de recuperación y conservación se ha fortalecido con la asistencia de científicos, quienes han reconocido la importancia de este reservorio natural para la seguridad alimentaria y la diversidad genética mundial.
Al llegar a la residencia de Alfonso Chinguad, es posible ver la materialización de esta misión: más de 15 variedades de papa andina, de diversos tamaños y colores, reposan sobre un costal en el suelo, listas para la siembra o el intercambio.Sin embargo, a pesar del éxito en la recuperación, un temor se cierne sobre la valiosa colección de Gran Cumbal: el cambio climático. La alteración de los patrones de lluvia y temperatura en los Andes amenaza la supervivencia de estas especies, adaptadas a condiciones específicas de altura. Protegerlas de esta nueva realidad se convierte en el próximo gran desafío para Alfonso Chinguad y su comunidad, quienes continúan demostrando que la sabiduría ancestral es clave para la conservación de la biodiversidad.
