Este lunes terminó el evento de mitad de año que emocionó a miles de ciudadanos, pues durante once días, Cali se convirtió en un gran escenario. Las salas de teatro, los espacios alternos, las universidades, las comunas, corregimientos y los espacios públicos se llenaron de historias, aplausos, encuentros y emociones que hicieron del XI Festival Internacional de Teatro de Cali una de las ediciones más memorables de los últimos años.
Con más de 18.000 asistentes, 87 funciones, más de 400 artistas y agrupaciones de Colombia, Brasil, Bolivia y Argentina, el festival cerró su edición 2026 consolidando a la capital vallecaucana como uno de los epicentros culturales y teatrales más importantes del país.
Organizado por la Alcaldía de Cali por medio de la Secretaría de Cultura, el Festival Internacional de Teatro de Cali llevó una programación diversa y descentralizada a distintos territorios de la ciudad, fortaleciendo el acceso ciudadano a las artes escénicas y acercando el teatro a públicos de todas las edades.
Un cierre de telón con el teatro lleno
La clausura se vivió en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura con la presentación de “Solas en el paraíso”, de la agrupación boliviana Cabra Teatro y Teatro El Paso, una puesta en escena que cerró el festival con una profunda reflexión sobre la memoria, la violencia y la condición humana.
Durante el acto de cierre también se realizaron reconocimientos a figuras fundamentales para la historia escénica de la ciudad, como lo fue el de los actores John Alex Castillo, Aura María Sánchez. También se exaltó el aporte a la construcción de tejido social y la creación artística de procesos culturales como Casa Naranja y Fonencultura.
La subsecretaria de Artes, Creación y Promoción Cultural, Yamileth Cortés, destacó que el festival reafirma el papel de la cultura como un motor de ciudad: “El teatro tiene la capacidad de transformar la manera en que nos encontramos como sociedad. Este festival demuestra que Cali sigue apostándole al arte, a la memoria y a los espacios donde la ciudadanía puede reconocerse, dialogar y emocionarse colectivamente”.
Por su parte, la directora del Festival Internacional de Teatro de Cali resaltó el crecimiento y la apropiación ciudadana que tuvo esta edición:
“El mayor logro de este festival fue ver cómo el teatro volvió a encontrarse con la gente. Tuvimos salas llenas, circulación de públicos en distintos territorios y una programación académica que permitió el intercambio entre artistas, estudiantes y espectadores. Cali confirmó que el teatro sigue vivo y ocupa un lugar esencial en su identidad cultural”, manifestó Melissa Osorio.
Un fuerte componente acádemico destinado al publico caleño
Uno de los grandes diferenciales de esta edición fue precisamente su apuesta académica y descentralizada. Talleres, clases abiertas, tertuliaderos, desmontajes escénicos y encuentros de programadores se desarrollaron en universidades, salas concertadas y espacios alternativos de la ciudad, ampliando la experiencia del festival más allá del escenario.
La programación también permitió acercar nuevos públicos al teatro a través de obras familiares, infantiles, contemporáneas y propuestas que abordaron temas como salud mental, género, diversidad, memoria, territorio y relaciones humanas, evidenciando la capacidad de las artes escénicas para dialogar con las realidades sociales actuales.
Con más de siete décadas de historia teatral, Cali continúa consolidándose como una ciudad donde el teatro no solo se presenta: se vive, se defiende y se proyecta hacia nuevas generaciones.
El XI Festival Internacional de Teatro de Cali cerró así una edición que no solo fortaleció la circulación artística y el encuentro cultural, sino que volvió a demostrar que el arte sigue siendo una herramienta poderosa para construir ciudadanía, memoria y tejido social.
