En El Confesionario de Magazín Pacífico, Carlos Hernán Rodríguez Naranjo dejó una de las frases que mejor resume su relación con la política: nunca la buscó. Abogado, exconcejal de Cali durante tres periodos y amante declarado del deporte, Rodríguez habló sin poses sobre su vida, sus pasiones y las preocupaciones que hoy lo acompañan como ciudadano.
Lejos de los discursos tradicionales, confesó que jamás imaginó ocupar un cargo de elección popular. “Nunca pensé aspirar ni siquiera a una junta de acción comunal”, dijo, recordando que su llegada al Concejo de Cali, en 2009, fue tan inesperada como transformadora. Durante doce años, aseguró, aprendió que la política implica una responsabilidad social permanente, que no se limita a las épocas electorales.
El deporte que marcó su vida
Antes de la política, su gran sueño fue el fútbol. Intentó ser jugador profesional hasta que un accidente a los 15 años truncó esa posibilidad. Aun así, el deporte sigue siendo parte esencial de su identidad. Se define como futbolero, amante de todas las disciplinas y convencido de que podría desempeñarse como comentarista deportivo.
Desde esa mirada, habló de la Selección Colombia. Reconoció el talento de figuras como Luis Díaz, pero expresó su preocupación por la falta de renovación generacional en un fútbol cada vez más físico y dinámico. Para Rodríguez, el talento ya no basta si no se acompaña de velocidad y juventud.
El Concejo como escuela política
Al hacer balance de su paso por el Concejo, destacó esa experiencia como una de las más importantes de su vida. Afirmó que es una de las instituciones más valiosas del sistema político colombiano por su contacto directo con la comunidad y la posibilidad real de ayudar a resolver problemas cotidianos.
Para él, ese aprendizaje reafirmó una idea central: la política no se ejerce solo desde el poder, sino desde el compromiso constante con la gente.
Vallenato, libros y rutinas personales
El Confesionario también permitió conocer al Carlos Hernán más cotidiano. Se declaró vallenatero y diomedista, convencido de que la música de Diomedes Díaz tiene la capacidad de cambiar el ánimo en los días difíciles. Contó que no toma café —prefiere una aromática— y que uno de sus libros de consulta frecuente es Las 48 leyes del poder, al que recurre para analizar decisiones políticas.
“Me duele Cali”
Uno de los momentos más contundentes de la conversación llegó al hablar de la ciudad. Rodríguez expresó su profunda preocupación por la violencia y por lo que considera una pérdida de autoridad que se acentuó tras el estallido social. Aseguró que Cali vive una crisis de seguridad que mantiene a la gente con miedo y lanzó un llamado a los gobernantes locales y nacionales para que el tema sea una prioridad real.
“Me duele Cali”, afirmó, al advertir que los problemas sociales no atendidos terminan convirtiéndose en verdaderas bombas de tiempo.
Familia y futuro
En el plano más íntimo, habló de la familia como el principal soporte de quienes ejercen la política. Reservar al menos un día a la semana para compartir con su esposa e hijos es, según dijo, una regla que ha intentado respetar siempre.
Sobre su futuro, dejó abierta la puerta a una vida más tranquila, lejos del ejercicio activo de la política: analista político, comentarista deportivo o ambas cosas. “Sería fantástico”, confesó.
Así, El Confesionario vuelve a cumplir su esencia: mostrar al personaje más allá del cargo, con sus pasiones, contradicciones y reflexiones, en una conversación que conecta con lo humano y con la ciudad.
