Cali, Colombia. La 68 Feria de Cali, a pesar de las recurrentes polémicas en torno a la tauromaquia, siguió adelante con sus corridas de toros, pero lo que se esperaba como un espectáculo vibrante terminó en un fiasco generalizado. Expertos y aficionados coincidieron en una calificación “pobre, casi nula” para la segunda corrida de abono, protagonizada por toros de la ganadería Campo Real. La calidad de los ejemplares fue el principal punto de crítica, catalogados como “mal presentados, anovillados y vacíos”, e incluso “mansos y feos”, según reportes que resuenan con la información de medios como boyaca7dias.
El descontento no se limitó a la calidad del ganado. La polémica por los abonos para toros en Cali ha sido una constante, y la decepción de esta temporada solo ha avivado las llamas. Los alternantes, Román, Joaquín Galdós y Javier Zulueta, lidiaron con ejemplares que ofrecieron pocas oportunidades para el lucimiento artístico, dejando a los taurinos descontentos con una de las tardes más flojas que se recuerden en Cañaveralejo.
Aunque el peruano Joaquín Galdós logró cortar una oreja, su esfuerzo fue “sacar agua de una piedra” ante la falta de transmisión de los astados. Román se enfrentó a ejemplares sin fondo, y Javier Zulueta, en su debut en la plaza, apenas pudo dejar huella. La frustración fue palpable en los tendidos, con largos silencios y la indignación de quienes esperaban un evento a la altura de una plaza de primera categoría.Este escenario ha generado un frente común inusual: tanto animalistas como taurinos están descontentos con la temporada de toros en la 68 Feria de Cali. Los primeros, por la continuidad de un evento que consideran obsoleto y cruel; los segundos, por la escasa calidad de lo ofrecido, lo que socava la defensa misma de la tradición. La Feria de Cali 2026 tendrá el reto de abordar estas críticas si busca mantener la tauromaquia en su programación.
