La mosca soldado negra (Hermetia illucens) es un pequeño insecto que no se posa en los alimentos, no pica, ni es transmisor de enfermedades, pero es capaz de transformar residuos orgánicos en valiosos insumos.
Jorge Leonardo Orozco Holguín, licenciado en Ciencias, fue quien encontró este inusual aliado y, junto con el biólogo Juan Pablo Erazo Londoño, desarrollaron el proyecto que busca reducir la dependencia del concentrado comercial para la producción de cerdos, aves o peces. Su empresa denominada Kuru se dedica a investigar y experimentar distintas formas de aprovechar esta especie insectívora en un modelo de economía circular urbana y rural.
El proceso de bioconversión lo realizan las larvas, que tienen un tiempo de vida de entre 10 y 30 días. Cada larva puede alcanzar, en su punto óptimo de engorde, un peso de entre 100 y 220 miligramos y llegan a medir hasta 27 milímetros, siendo capaces de digerir el doble de su peso corporal al día.
Esto permite, que en apenas unos quince días se puedan obtener larvas ricas en nutrientes, que se utilizan como alimento vivo para aves y peces, o deshidratadas que se utilizan en alimentos para cerdos y mascotas, como perros, gatos o iguanas. Además, se obtiene frass, un residuo seco que se utiliza como abono, ya que tiene un alto contenido de nitrógeno, fósforo y potasio.
Es importante resaltar que la mosca soldado negra, a diferencia de la mosca doméstica o común (Musca domestica), no representa un riesgo sanitario, ya que en su fase adulta no se alimenta, solo se reproduce, acumulan toda la energía que necesitan durante su fase larvaria, la cual es aprovechada por esta novedosa biotecnología.
