Con 124 años, María Cuero continua sorprendiendo a familiares, amigos, y médicos con su lucidez.
María Antonia Cuero es una bonaverense que, según su cédula de ciudadanía, nació el 18 de octubre de 1901, hace 124 años, fecha que la convertiría en la persona más longeva del planeta.
Nacida en una zona rural del Puerto, a orillas del Río Mallorquín, la mujer es una memoria en la tierra, ya que vivió épocas de sucesos históricos del tamaño de la Primera Guerra Mundial, La Violencia Bipartidista, la Segunda Guerra Mundial, La Gran Depresión, entre otros; siendo un hito que está siendo estudiado por profesionales de la organización de los Guinness World Records, con el fin de verificar la autenticidad de su documento, pues María Antonia superaría a Jeanne Louise Calment, la francesa, fallecida a los 122 años, como la persona que más años ha vivido.
De familia numerosa y campesina, maría vivió gran parte de su vida en Buenaventura, Quinamayó y Cali, en la actualidad, sus días se dividen entre la casa de su hija Delcy y las visitas a los distintos controles médicos que le dan múltiples especialistas los cuales ven como asombro no solo la lucidez y vitalidad de María, sino su rutina, pues la mujer se baña sola y suele cocinar cuando tiene ánimo.
Su hija Delcy confiesa que suele dudar de la fecha que tiene el documento civil de su madre, no por desconfianza, pero le cuesta creer que una mujer con su vitalidad tenga más de 120 años. Los especialistas que la han evaluado explican que no pueden certificar su edad por sí solos, pero reconocen que su condición física y su genética llaman la atención. Pues su hermana y su hija lucen más jóvenes de lo que su edad indica, un detalle que alimenta la teoría de una herencia familiar inusual.
El secreto de una larga vida
Según María Antonia, el secreto de una larga vida es pasar los días sin muchas preocupaciones, de caminar todos los días, de mantenerse al aire libre y de comer lo que daba el campo, pues creció entre plátanos, bananos, pescados y alimentos frescos. También recuerda que nadaba y remaba con frecuencia, actividades que marcaron su juventud en el Pacífico.
Aunque en la actualidad, María presenta dolores propios de la edad, mantiene una salud que desconcierta a los profesionales, pues toma medicamentos para la hipertensión, vitaminas y tratamientos para la osteoporosis, pero sus exámenes han mostrado parámetros estables, incluso mejores que los de personas mucho más jóvenes.
Su descendencia ya alcanza varias generaciones, pues tuvo ocho hijos y ahora tiene varios nietos, bisnietos, tataranietos y choznos, su familia supera el centenar de personas. Muchos de ellos la visitan con frecuencia en su casa en Cali y participan en su cuidado.
