La Sucursal del Cielo volvió a demostrar que es un distrito cultural, pues el Festival Internacional de Teatro de Cali llenó de arte, drama, risas y alegrías, a sus más de 18.000 asistentes que disfrutaron de una programación variada por toda la ciudad.
En total, el festival presentó 87 funciones y reunió a más de 400 artistas y agrupaciones provenientes de distintas regiones de Colombia, así como de Brasil, Bolivia y Argentina, en una agenda que se extendió a salas de teatro, universidades, comunas, corregimientos y espacios públicos.
“La experiencia es muy chévere, ver las obras es algo que llena el alma, es genial que Cali tenga estos espacios para que las personas podamos disfrutar pero también para que más gente conozca la magia del teatro”, afirmó Andrea Villalba, asistente del Festival.

Durante su clausura se realizó en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura con la puesta en escena de Solas en el Paraíso, obra de las agrupaciones bolivianas Cabra Teatro y Teatro El Paso, las personas se conectaron con una propuesta que invitó a reflexionar sobre la memoria, la violencia y la condición humana.
“El teatro tiene la capacidad de transformar la manera en que nos encontramos como sociedad. Este festival demuestra que Cali sigue apostándole al arte, a la memoria y a los espacios donde la ciudadanía puede reconocerse, dialogar y emocionarse colectivamente”, afirmó la subsecretaria de Artes, Creación y Promoción Cultural, Yamileth Cortés.
Por su parte, la directora del Festival Internacional de Teatro de Cali, Melissa Osorio, destacó la apropiación ciudadana que tuvo esta edición y el fortalecimiento de la circulación de públicos en distintos territorios.
“El mayor logro de este festival fue ver cómo el teatro volvió a encontrarse con la gente. Tuvimos salas llenas, circulación de públicos en distintos territorios y una programación académica que permitió el intercambio entre artistas, estudiantes y espectadores. Cali confirmó que el teatro sigue vivo y ocupa un lugar esencial en su identidad cultural”, señaló.

Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue su componente académico. Talleres, clases abiertas, tertuliaderos, desmontajes escénicos y encuentros de programadores se desarrollaron en universidades, salas concertadas y espacios alternativos, ampliando la experiencia del festival más allá del escenario.
De hecho, uno de los eventos que más llamó la atención de los caleños fue el taller de maquillaje artístico y teatral, dictado por el artista Yamore, uno que maravilló a sus asistentes por las técnicas enseñadas.
“La experiencia es genial, para nosotros en nuestro que hacer teatral es muy importante aprender diferentes técnicas, como el envejecimiento, el color, el croma, los contrastes, las peladuras… son caracteristicas que no conocíamos y que ahora vamos a poder a aplicar en nuestro arte”, dijo Diana Ramirez, asistente del taller.
Con más de siete décadas de tradición teatral, Cali continúa consolidándose como una ciudad donde el teatro no solo se presenta, sino que se vive, se defiende y se proyecta hacia las nuevas generaciones.
